Miguel F. Rovira: “NADIE SE ACOSTUMBRA A LA GUERRA”

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Miguel F. Rovira cuando era delegado de EFE en Manila/Imagen extraída de noticias.lainformacion.com/

Paula González

Miguel F. Rovira ha cubierto durante los últimos 30 años guerras tan mediáticas como la de Iraq o Afganistán; catástrofes naturales de la índole del tsunami de 2004 en Tailandia e Indonesia o el terremoto de Cachemira; golpes de estado como el de Camboya y también la desintegración de un país, como ocurrió en Timor Oriental. Sin embargo, este verano decidió volver a su Mallorca natal –con varios premios a cuestas- a trabajar para probar algo nuevo, puesto que cubrir guerras y terremotos se había convertido ya en algo rutinario para él.

En cualquier caso, el reportero de EFE se ha forjado una larga trayectoria cubriendo situaciones de conflicto a nivel mundial y tiene muy presente que “nadie se acostumbra a la guerra”, ni los periodistas que van a trabajar, en teoría ajenos a lo que allí ocurre. Acaban encariñándose de las personas a las que van conociendo y, un día, les llega la noticia de que Tal ha muerto o a Cuál la han violado. Algunos acaban pidiendo la baja por depresión, reconoce.

En Afganistán tuvo un intérprete que se había comprado un taxi para sobrevivir durante el Régimen Talibán y cuyo sueño era emigrar a Canadá. A sus veinte y tantos años decía que “estaba enfermo de guerra” porque había nacido y crecido con ella y consideraba criminales tanto a los de un bando, como a los del otro.  “La guerra es un horror”, afirma el periodista. No hay comida, los precios suben a causa de la corrupción, hay inseguridad, las violaciones se disparan, los sobornos dificultan que la población pueda mantener sus puestos callejeros…

Por otra parte, para Miguel no hay ninguna guerra igual. “Más allá de la violencia”, no encuentra ninguna similitud entre las que ha cubierto. Lo que es cierto es que si el país es más pequeño, se nota en todas sus partes, como ocurrió en el antiguo Timor Oriental; mientras que en regiones más grandes como Iraq o Afganistán, algunas zonas quedaron “tranquilas” –con explosiones esporádicas que la gente esquivaba más o menos fácilmente- , puesto que la guerrilla no tiene capacidad para actuar en todas las zonas por igual.

RIFLES BAJO BURKAS

Según el reportero, hay dos tipos de guerras: las que enfrentan a dos ejércitos convencionales y las que se dan entre un ejército convencional y la resistencia o guerrilla. La afectación de la población es mucho mayor cuando intervienen las guerrillas.

Miguel explica que por cada mil hombres luchando de un ejército convencional, hay detrás una media de otros 10.000 militares que les apoyan y se ocupan de la alimentación, la munición, las comunicaciones… mientras que los luchadores de las guerrillas tan solo cuentan con la ayuda de la “gente del pueblo”, que es la que les provee de alimentos y se viste con burkas para esconder debajo los Kalashnikov que consiguen en el mercado negro.

El tráfico de armas es fundamental para las guerrillas, puesto que los conflictos ocurren, primero, por razones políticas, y luego, porque se encuentran dos bandos que tienen armas. Si solo hay uno con armamento, se impone o se produce una represión. Por eso, las dictaduras siempre intentan dividir a la resistencia –por aquello de que “la unión hace la fuerza”- y evitar que consigan armas.

Miguel cree que los países “son pobres porque hay guerra” y no al revés, y se opone a que naciones que se dicen desarrolladas, como Estados Unidos, intervengan de manera individual en las regiones en conflicto. En todo caso, “quien tiene que intervenir es Naciones Unidas”. No obstante, “yo no he visto nunca que hayan resuelto otros países ningún conflicto, ni siquiera Naciones Unidas”, añade.

EL TRABAJO Y LA HUMANIDAD PUEDEN IR LIGADOS

“Tú eres un periodista, pero eres persona”. Miguel intenta que su lado humano no entorpezca su trabajo, pero él mismo ha socorrido a quien lo necesitaba en un momento crítico, ya fuera de un bando u otro, puesto que “somos personas ante todo”. Otra cosa es que no se pueda ayudar porque “si te pones chulito, el tiro va para ti”, se lamenta.

En este sentido lo tiene muy claro. En los conflictos es muy importante no perder los estribos. “Miedo lo tiene todo el mundo, lo que hay que hacer es controlarlo”, tanto por la propia vida como por la de los demás. Además de eso, un reportero de guerra debe tener capacidad para improvisar, ser frío, adelantarse a la información, no dejarse engañar comprobando siempre las historias y, algo que no se suele tener en cuenta: resistencia física. Él mismo cuenta que ha pasado días sin comer ni beber, subido a montañas con glaciares, andado kilómetros…

Ahora, después de 30 años, vuelve a Mallorca y trae consigo un grueso álbum de experiencias que ya quisieran muchos, mientras que para él han sido el pan de cada día durante tanto tiempo. Ha decidido que quiere experimentar algo nuevo: cubrir ruedas de prensa, hablar con el Ayuntamiento, hacer comunicados… otro tipo de periodismo.