200 euros, el precio de un trabajo de por vida

E.C.A. & P.G.M.

El chocolate es uno de los bienes más preciados en los hogares occidentales. Sin embargo, casi nadie conoce de dónde proviene tal manjar. Las grandes empresas que se dedican a la venta de chocolate (Nestlé, Mars, etc.) consiguen sus materias primas de países cuya producción es abundante. Costa de Marfil es el primer productor mundial. La industria del chocolate asienta sus bases en el trabajo de recolección en el país africano.
En Costa de Marfil se concentra el 40% del PIB conjunto de los ocho países de la Unión Económica y Monetaria del África Occidental (UEMOA): es el gigante económico de la zona. Sin embargo, la relación que mantiene con los países vecinos, tales como Burkina Faso, Malí o Níger, va más allá de las fronteras legales. El tráfico de niños forma parte del día a día en las limitaciones geográficas del país. Estos son convencidos por traficantes que les van llevando, en distintas fases, a su destino final: plantaciones marfileñas de cacao.

La explotación de niños africanos en las plantaciones de cacao de países como Costa de Marfil, el principal productor de cacao en el mundo, es un hecho. Cualquier persona de un país desarrollado lo consideraría un atentado contra la infancia, de hecho va en contra de la Declaración de los Derechos Humanos. Los valores implantados en la sociedad en que vivimos van totalmente en contra de la esclavitud. De la explotación infantil. Del maltrato. Pero el silencio mediático que rodea las condiciones de vida de los pequeños trabajadores no hace más que favorecer la situación de injusticia.

Las grandes empresas dedicadas a la producción de alimentos derivados del cacao firmaron en el año 2001 el protocolo Herkin-Engel, en el que se posicionaban en contra del tráfico de niños. Sin embargo, tal y como se desprende de las investigaciones de periodistas como Miki Mistrati o Xaquín López, niños y niñas trabajan en los campos de cacao cuyos productos compran después las multinacionales para fabricar el chocolate que todos los habitantes de los países desarrollados disfrutamos ajenos a esta realidad, mientras ellas se desvinculan alegando que compran el cacao, pero nada tienen que ver con las condiciones en las que se recoge el cacao en las plantaciones.

Según se desprende del documental El lado oscuro del chocolate, cientos de niños de incluso seis o siete años de edad son engañados cada año o enviados por sus familias desde países como Malí o Burkina Faso hasta Costa de Marfil, con el que hacen frontera, con la promesa de ganar un dinero que en muchos casos, nunca llega. Por su parte, los dueños de las plantaciones contratan a traficantes, a los que pagan unos 200 euros -el precio que ponen a la vida de estos niños- para que se los lleven, obteniendo así, una mano de obra, en muchas ocasiones, gratuita y prácticamente de por vida.

Tal y como indica un estudio publicado por Ángeles Millán, los gobernadores de Costa de Marfil y Malí reconocieron que existía un “problema” con el uso de esclavos para trabajar -que según un documental emitido por Channel 4 alcanza al 90% de las plantaciones del país-, y que muchos de ellos eran niños.

El porqué de que estas informaciones apenas tengan cabida en los medios de comunicación tiene mucho que ver con la publicidad, puesto que las grandes empresas relacionadas con los productos derivados del cacao destinan mucho dinero a estos fines, sobre todo en la prensa y la televisión. En España, la empresa de este tipo que más invirtió en 2011 en promocionar sus productos fue Nestlé, que gastó 29,5 millones de euros -una cifra nada despreciable-, situándose de esta manera en el puesto 19 del ránking de empresas que más invirtieron en publicidad ese año. Este dinero va a parar a las empresas de comunicación, que prefieren no renunciar a estos ingresos antes que dar voz a estos niños, Así, la población que consume chocolate no llega a saber ni de dónde proviene ni de la existencia de esta problemática y, como se suele decir, “ojos que no ven, corazón que no siente”.

Vivimos en un mundo ignorante. Y conforme con la ignorancia. Son pocos los que, tal como reza el Mito de la caverna de Platón, deciden abrir los ojos ante la inminente realidad. Los medios no dan cabida a la investigación periodística. No hay suficiente presupuesto para ello. Cabe tener en cuenta que empresas como Nestlé se anuncian frecuentemente en las plataformas comunicativas.
Si quienes tienen la posibilidad de abrir los ojos a la sociedad y hacerla sentir, los medios de comunicación, no antepusieran los ingresos por publicidad al servicio a la sociedad, si buscaran otras maneras de financiación, podrían contribuir a hacer del mundo un lugar mejor, puesto que periodistas comprometidos con su labor y dispuestos a investigar, sobran.

Así, salen siempre ganando los poderosos. Al final de la cadena, se encuentran personas cuyas vidas parecen no significar nada para el resto del mundo. De esta manera, en una sociedad que se dice civilizada se permiten barbaridades como la explotación infantil en Costa de Marfil. Las soluciones a este problema, cuya repercusión es gravísima, parecen escasear. La disposición para llevar a cabo tareas para solventar las grandes injusticias es limitada. La capacidad de actuación se ve empañada por los objetivos económicos, tanto por parte de las empresas alimenticias (en este caso) y de la comunicación. La supervivencia del más fuerte adquiere, de esta forma, un nuevo significado.